
Estoy pensando. Me detengo un instante en el tiempo. Una melodía suena de fondo. No es otro sonido que el inconfundible y singular conseguido por el acompañamiento de esa sensual voz de Sade.
Me detengo, como decía, en el tiempo un instante. Me he sentado muchas veces a contemplar cómo pasa la vida a mí alrededor. Descubro, a veces, que soy un espectador pasivo, como esos fumadores que sin hacer uso del tabaco se perjudican por lo que otros fuman.
Escucho, por regla general, a los demás. La mayoría de ellos se ensalzan en monólogos absurdos, sus pesares, sus miedos, sus dudas contadas desde la primera persona más narcisista o egoísta. En ellos, en sus argumentos no hay cabida a la comprensión, al respeto hacia la otra persona que tienen frente a sus narices. No, no hay lugar alguno. Ellos sufren más, lloran más, aman más, trabajan más, piensan más, se sacrifican más.
Claro, yo escucho con atención cada palabra, cada frase. Escucho sus cantos egoístas, hipócritas. Van desnudándose a cada golpe de alcohol que van ingiriendo mientras relatan, en un monólogo sin fin, sus avatares. Ella me hizo, él me hizo, ella se quedó con todo, él se marchó con otra. Yo lucho por salir de ello, no puedo, estoy hundido, hundida, estoy acabado, acabada, sin él, sin ella no soy nada, mientras tanto él o ella estarán por ahí divirtiéndose con unos y otros y unas y otras y yo sufro el agravio.
Read the rest of this entry »